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Correo electrónico 11.09.2008. 23.15 h. Asunto: Rambo.(La Biela 10)

(CONTINUACION: La Biela 11)

(CONTINUACION: La Biela 12)

(FINAL: La Biela 13)

Estimado amigo: Tengo el atrevimiento de enviarle este caso que estoy tratando en estos meses. Dado que no tengo el gusto de conocerle ni a Ud. ni al grupo de compañeros que se mueven en torno a la RNO, me parece razonable que me presente. Soy dentista o médico dentista, estudié estomatología ya hace muchos años. Conocí a Pedro Planas cuando yo ya llevaba bastantes años trabajando y él se acercaba a la edad que antes conocíamos como de jubilación. ¿Cuándo se jubila un dentista?- !Y para qué te quieres jubilar! (recuerdo que me dijo en una ocasión). Ahora, yo ya he pasado esa edad llamada de jubilación. Sé que Franco no había muerto y que todavía quedarían algunos años para la democracia. Se me confunden las ideas al intentar recordar dónde fue el encuentro. Sé que era un verano gris y lluvioso en el mediterráneo, pero lo mismo pudo ser Mallorca o Menorca que Gerona. Durante la infancia de mis hijos todos los veranos alternábamos las Baleares con la Costa Brava. Mi cabeza confunde ya los parajes. He intentado estos días localizar unas fotos que tengo de aquellos veranos pues sé que en alguna de ellas sale el dr. Planas. Creo que mis hijos las habrán eliminado en la última mudanza pues llevo varios días en el empeño sin resultado positivo. Es curioso como la memoria la perdemos de manera selectiva.

Por alguna razón que he olvidado empezamos a hablar. Estaba enfadado por algo que le importunaba, eso sí me acuerdo. Algo le dije que le resultó gracioso y cuando después de interrogarme (no sé por qué) se enteró de mi profesión, me abrazó por el cuello dejándome casi cianótico y recuerdo que me dijo: Si me acompañas en el paseo de las tardes te contaré todo lo que necesitas saber para seguir viviendo con dignidad.

Nos vimos durante 8 o 10 días durante todas las tardes paseando de aquí para allá. Muchos de esos días bajo el paraguas o en el casino del pueblo. Las tardes no dejaron de ser grises y él no cambió el humor en ningún momento. Tan pronto estaba feliz y socarrón como retraído y melancólico. Lo que más le animaba era hablar de su esposa y de sus batallas odontológicas. Yo ahora estoy solo y ya ni siquiera me anima la profesión. Apenas trabajo ya y solamente resucita mi ánimo cuando decido colocar un equiplan y recuerdo aquel verano junto al mar.

Me fué contando todo lo que sabía de odontología y de todo lo demás, que era mucho. A veces elucubraba sobre el carácter de las personas solo viéndoles el gesto de sus caras. Recuerdo al principio, el primer día, que yo intentaba explicarle algunas cosas sobre los materiales de obturación de cavidades y los problemas de sensibilidad. Luego me fui callando y empecé a escuchar.

Cuando llegó la hora de volver con mi familia al pueblo en el que residíamos se me ocurrió dejarle mi dirección por si en alguna ocasión le tocaba de paso y quería visitarnos. Nunca lo hizo y no le culpo pues el lugar en el que vivo no es el más atractivo del mundo precisamente y está, además, fuera de cualquier ruta habitual de desplazamiento. En aquellos años desplazarse de una capital a otra era mucho más complicado que ahora desde luego.

Aquel batiburrillo de ideas se me fueron diluyendo y en cuestión de unos meses me quedaron en la cabeza mucho más las ideas que no eran odontológicas. Todos esos pensamientos no se me borraron jamás. Pero al cabo de 1 año yo ya no recordaba nada de esas cosas de la salud bucodentaria del dr. Planas.

Mi pueblo es pequeño y gris. Hasta hace una decena de años he sido el único dentista. Ahora, con las urbanizaciones que nos hicieron, el pueblo ha cambiado, hay varios compañeros trabajando y yo tengo algo más de trabajo que hace muchos años. Como mi hijo continúa la profesión, yo puedo seguir haciendo algún trabajo de manera selectiva. Además los nietos hace 2 años me enseñaron a manejar internet; alguien cercano me habló de este sitio y este es el motivo de estar yo aquí, en este asunto.

Pero me voy de la idea. Al cabo de una docena de años, mas bien más que menos, recibí en mi casa un libro desde Barcelona. Era ese libro del dr. Planas. Lo guardo con cariño pues está dedicado por el autor de manera emocionante. Y una foto suya, también dedicada, como los futbolistas. Un artista este Planas, me dije. Le escribí dando las gracias claro y le prometía que cuando pusiese en práctica alguna cosa de las que venían en el libro y de las que me había hablado, yo iría a Barcelona a contárselo.

Bueno, yo soy muy torpe y me costó mucho desentrañar aquello. Pero allí en el pueblo nadie me ponía pegas ni se enfadaba y yo palante palante.

Un día llamé a su consulta y me dijeron que el dr. Planas había fallecido. Mi memoria me falla y no recuerdo bien el año. Era verano. Lo dejé ahí y hasta ahora.

He procurado ordenar este caso para su revista. Sólo mostrarle lo que voy haciendo y he ido aprendiendo. A mi edad no salgo de mi casa y consulta. No viajo y no acudo a reuniones. Así que no espero conocerles a Uds. nunca. En cualquier caso le agradeceré que me conteste sobre si necesita algún tipo de información a parte de la que le envío. Me ha gustado recordar aquel verano y las cosas que Pedro me contaba en nuestros paseos. Sé que soy ya lo suficientemente mayor como para parecerme de máxima importancia cosas que para los demás son nimiedades. Por ello no quiero insistir ni resultar pesado. Cuando recibí el libro de Pedro y una vez leído, me obligué a recordar y transcribir al papel las conversaciones que mantuvimos en aquellos días de estío. Construí un anexo con toda aquella información memorística, que éste sí que no se ha perdido pues lo tengo a mi lado en este momento, de tal manera que repasándolo seguro que podré entresacar información que quizás pueda ser de utilidad.

Las fotos las hace mi hijo, que lleva la consulta en la actualidad, con su cámara de esas de ahora. El me ha ayudado a preparar esto que le envío.

En las fotos verán mi articulador gnatofórico y alguno de mis equiplanes. La historia de cómo llegaron a mis manos este articulador y una bolsa llena de estas chapitas metálicas también se la puedo contar pues eso son cosas que no se olvidan. Pero esta historia excede propiamente lo que me ha llevado a enviarles este correo.

Quiero agradecerle el tiempo que empleará en atender este escrito y le dejo entera libertad para publicarlo o no y de la manera que Uds lo consideren mejor, respetando siempre lo esencial. Unicamente dejarle claro la imposibilidad de facilitar mi dirección de correo bajo ningún concepto.

Suyo agradecido

Ah! una aclaración por el nombre del mensaje. He estado hasta el último momento dudando sobre la conveniencia de enviarlo. Mi hijo me dió la solución. Enviarlo pero dejar al destino su apertura. Enviándolo con un nombre al azar como asunto. Eso haría que el receptor dudase en abrirlo o no. Si lo abrían, adelante. Si lo rechazaban, adiós.

Romualdo Fernandez Conrado

El caso que está en tratamiento es sobre una paciente de 16 años con un problema de desplazamiento discal con reducción en su articulación temporomandibular izquierda. Ella no es consciente del problema pues apenas le causa sobresalto su situación articular.Presenta una gran sobremordida y un síndrome de masticación unilateral izquierda: ángulos funcionales masticatorios de Planas asimétricos, distoclusión izquierda y normoclusión derecha, línea media desviada a la izquierda. Ligera doble oclusión por culpa de la distoclusión izquierda.
Le proponemos directamente, pues su desarrollo transversal es aceptable, el tratamiento de la sobremordida mediante equiplan haciéndole comprometerse a usarlo durante todo el día, salvo las comidas. La paciente acepta.

Se pretende con este tratamiento recuperar la forma adecuada del sistema para de esta manera conseguir el equilibrio masticatorio adecuado que favorecerá el funcionamiento correcto y sin sobrecarga de sus articulaciones temporomandibulares.
Las fotos de los controles sucesivos las iremos ordenando y enviando para completar el caso según se vaya desarrollando.


Esta paciente no refería ninguna sintomatología lo cual no impide que esté sufriendo un trastorno articular que se manifieste de manera más florida en el futuro. La paciente tiene ahora 16 años, como hemos dicho, y con esa edad es raro que ya sufran de manera física el problema. No obstante estamos viendo graves problemas con origen articular cada vez a una edad más joven, incluso en dentición decidua. Nos la remite un compañero por haberle notado problemas en sus ATMs. como algún salto en apertura y cierre en el lado izdo.
Podría hacerse un estudio más exhaustivo con pruebas radiográficas y RMN, para poder ver la situación de cóndilos y discos articulares al inicio y al final de la apertura bucal que nos confirmaría estos datos. Pero pensamos que lo más interesante sería que estas pruebas se pudiesen hacer grabando lo que ocurre durante la masticación en ambas articulaciones, ya que desde nuestro punto de vista la mayoría de los problemas en las ATMs son de origen funcional. O mejor dicho, que lo que sucede en los dientes durante la masticación está directamente relacionado con la funcionalidad o disfuncionalidad articular. En apertura y cierre solo veremos las consecuencias de la disfunción ya establecidas.
Es en su lado izquierdo, de trabajo preferente, en el que la paciente presenta un problema de desplazamiento del disco articular, reflejado en un salto en la apertura-cierre.
Este problema está derivado de la sobremordida grande que padece, ya arrastrado desde la infancia, y de la situación de desequilibrio oclusal asimétrico.
La sobremordida en sí le provoca una sobrecarga articular importante, pero lo que lo agrava es el síndrome de masticación unilateral izquierda muy posiblemente iniciado en la primera infancia. (línea media desviada a la izda, distoclusión izda y normoclusión dcha y ángulos funcionales asimétricos)
Debido a la sobremordida que padece, la única posibilidad para que sus estructuras comiencen a recuperarse pasa por el tratammiento ortodóntico de la sobremordida. Sólo eliminando esa inadecuada relación vertical se podrá equilibrar su oclusión y recuperar la funcionalidad adecuada de sus ATMs.

Así pensamos y así lo queremos tratar.

Correo electrónico 10.06.2009. 23.22 h. Asunto: Nunca olvidar.

Estimado amigo: Ha pasado un tiempo desde que le envié aquellas primeras fotos y contestando a su amable mensaje procedo a enviarle unas fotos tomadas aproximadamente 6 meses después de las últimas. En total el tiempo de tratamiento está en los 8-9 meses en este momento. Durante estos últimos 5 meses la paciente ha usado algo menos el equiplan. De 23 horas diarias a unas 14-15. Hace 2 meses coloqué unos topes para facilitar el avance mandibular pues generalmente la sobremordida se acompaña de distoclusión que también debe corregirse.

Por otra parte le agradezco su interés y el de sus compañeros por mi persona, pero le ruego transmita mi negativa a compartir sus reuniones. Tengo mis problemas de salud y hace ya años que mi interés por el género humano se centró en su parte científica. Las relaciones sociales dejaron de interesarme.

Sí que quiero comentar que unos años después de recibir el libro RNO de Pedro Planas, un gitano que me visitaba 1 o 2 veces cada año con el fin de intentar venderme los cachivaches que iba almacenando en su furgoneta, se presentó en mi casa con una caja llena de diverso material odontológico. La familia de un dentista fallecido en un accidente de tráfico había conseguido desprenderse de la consulta dental y sus materiales y sillones habiendo quedado como objetos sin interés para nadie todo lo que se encontraba en la caja y que el gitano Melquíades (todos los gitanos se llaman Melquíades puede parecer) se llevó a cambio del esfuerzo de llevarlo a su furgoneta.

Apareció por mi casa como viejo conocido y con la seguridad de colocar el gastado material allí mismo.

Unos viejos fórceps oxidados, unos instrumentos de mano sin filo y mellados, diversas cubetas de impresiones, una especie de articulador zocalador y una bolsas sin abrir de chapas metálicas.

Aquellas 2 cosas llamaron mi atención pues yo ya las había conocido en fotografía. Me causaron tanta sorpresa que el gitano no dudo un momento en regalármelas.

A cambio tuve que comprarle a buen precio, según él, el resto del material de la caja, 2 cuadros destartalados y una colección de novelas de Marcial Lafuente Estefanía que aún conservo en la sala de espera.

Creo que mereció la pena. La bolsa contenía otras bolsas llenas de equiplanes. Aproximadamente un centenar de chapitas en total. La dirección de un señor de Galicia escrita en la bolsa. Nunca me puse en contacto con él pues hasta el momento habré utilizado algo más de la mitad del material y dudo mucho que llegue a terminarlos en estos años que me quedan.

Ah! el zocalador es un viejo gnatostato (creo que se llama así) que utilizaba Pedro Planas para ayuda en el diagnóstico. Llevaba un arco de transmisión con unos enrevesados tornillos que siempre me han causado sudores.

Creo que aquella visita del gitano Melquíades fue lo que me animó a empezar a trabajar o a trasladar a mis pacientes lo que tan sabiamente explicaba Pedro Planas en su libro. cada vez que aparecía por mi consulta una sobremordida me preguntaba si le colocaba el equiplan o no. Ese año la bolsa de chapitas empezó a perder parte de sus componentes. Así hasta ahora. Conservo las bolsas vacías, todas ellas con la dirección del fabricante gallego. Y en cada una marcado con rotulador la fecha de salida de cada equiplan.

Es tarde y debo descansar. Espero poder seguir en contacto con Ud proximamente y así mostrarle como termina el caso de las fotografías.

Atentamente le saluda

Romualdo Fernández Conrado.

Correo electrónico 22.11.2009. 22.47 h. Asunto: Debía ser él.

Estimado amigo: No he sabido nada de Ud ultimamente y he estadp preocupado tanto por su salud como por mi posible abandono. Ello me da pie a pensar que me estoy creando cierta dependencia psicológica, contraria a lo que siempre he querido que fuera esta relación.

He permanecido durante cerca de 3 meses hospitalizado por un problema cardiaco que ha necesitado entre otras cosas de un nuevo asfaltado de las comunicaciones arteriales de mi corazón, amén de puentes y viaductos que han tenido que realizar para poder darme el alta provisional.

Ante su falta de noticias busqué en internet y encontré que su presidente había fallecido. Rafael. Sí. Rafael. Me habló de él. Era casi como su "hijo", su hijo profesional y su colega. Tenían una relación muy directa e intensa. Su hombre de confianza.

Formaba parte de un grupo de amigos que en los veranos frecuentaban la costa de Cataluña. Me acuerdo de estas cosas por la anécdota que le contaré enseguida y que nunca se me borró de la cabeza. Esa anécdota es lo que me ha hecho recordar a Rafael. En ese grupo de amigos había gente muy variopinta que se reunía para trabajar y para disfrutar. También recuerdo que uno de ellos tenía apellido extranjero, alemán u holandés que pasaba consulta por algún pueblo de la Costa Brava. No recuerdo su nombre. Ricardo, Ernesto, Fernando; No sé.

Pedro tenía conocimiento de los cinturones de seguridad en los coches americanos, cuando aquí los coches no los tenían, y un día tuvo la oportunidad de comprar unos cinturones de la cabina de un avión militar y ni corto ni perezoso los llevó a un taller para que los incorporasen a su coche.

Dicho y hecho. No era fácil poner peros a sus ideas.

Cuando lo tuvo organizado llamó a su amigo Rafael y le dijo: "Ven para aquí que vamos a probar este invento". Tomaron la carretera y no pararon hasta llegar a San Sebastian". Tenía fijación con San Sebastian. También me comentó que en aquella ciudad había fundado con unos amigos una asociación científica para promocionar sus ideas.

Fueron tardes divertidas. Tenía siempre ganas de hablar, de contar sus cosas y poner en palabras sus pensamientos.

Por las mañanas al levantarme siempre miraba el cielo y agradecía ver esas nubes cargadas de agua que no cesaban en su labor. Eso significaba que el café sería largo y pródigo en palabras.

Le envío alguna foto más del caso que estamos tratando. Con algo más de 1 año de tratamiento. Hasta ahora el único incidente fue la rotura de uno de los resortes de intercomunicación. Se cambió y la paciente nos comunicó que había sentido la falta del aparato con pesar.

Espero poder continuar comunicándome con Ud. en los próximos meses.

Atentamente le envío un abrazo

Romualdo Fernández Conrado

Correo electrónico 07.05.2010. 09.38 h. Asunto: Adiós.

Estimado señor: Aprovecho la ocasión para saludarle y agradecerle el tiempo que le ha dedicado en estos últimos meses a mi querido padre. Han sido cerca de 2 años en los que su ilusión por la odontología le volvió a brillar en los ojos y recuperó palabras y expresiones olvidadadas en el tiempo y la rutina.

Hace apenas dos semanas que una mañana no despertó para siempre. Había tenido algún aviso, pero...

Yo le tomaba las fotografías de sus pacientes y las recortaba y preparaba para enviárselas.

Estas son las últimas fotos que tomamos del caso. Me comentaba cosas sobre la altura de los incisivos centrales superiores respecto a los laterales y venía a decir que la sobremordida estaba resuelta y que se disimulaba algo por esa diferencia entre centrales y laterales. Ustedes lo entenderán mejor.

Yo me dedico a otras cosas centradas más en la prostodoncia. A cada uno le lleva la vida por unos derroteros y muchas veces sin que podamos evitarlo.

Si encontrase documentos que puedan ser de su interés se lo comentaré más adelante.

Hasta entonces, adiós, gracias y hasta siempre.

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