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De cómo sofocar un motín en Aranjuez con la palabra

En Madrid hubo de todo. Como en botica. Pero lo mejor, lo mejor, y Ud se lo perdió, fue sin lugar a dudas El motín de Aranjuez.

¿Qué pudo llevar a aquella buena gente, incapaz de tener un mal pensamiento, a sublevarse contra sus jefes directos enarbolando la bandera de la libertad?

La ignorancia del concepto.

Y allí de repente, en los asientos de un autobús, bajo la lluvia fina y el relente del atardecer del otoño madrileño nos dimos de bruces con la esencia de la RNO. Algo que se había perdido y que se perderá para siempre. Ya no hay contemplaciones. Todo necesita un sentido, un por qué y un aprovechamiento. Y si no lo tiene a nuestro gusto actual, ya no lo queremos.

Durante unos minutos supimos realmente lo que era el CIRNO y nadie nos lo había transmitido en estos últimos años. Fueron 5 minutos en Aranjuez. 5 minutos que dan sentido a la vida.

De esa esencia, en el Congreso ya no queda sino el polvo de estrellas del cometa. Un rastro difícil de seguir que termina dejando una estela de desolación a su paso.

Por ello que esos 5 minutos de discurso y oratoria valieron un congreso.

Y en la cena de Gala la firma y rúbrica. No hacían falta ni escanciador ni pulsera. El mejor regalo imposible ya de superar.

El resto. ¿El resto?

No me acuerdo.