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Práctica Odontológica

Nuevo aparato para la sujeción del dique de Barnum

Por Don BERNARDO MARTINEZ GIL (con dibujos originales)

(Este artículo fue publicado en el Boletín del Consejo General de Colegios de Odontólogos. Núm. 107. Febrero de 1950. Su autor no tiene relación familiar alguna con el editor de esta revista. El motivo de recogerlo aquí es puramente sentimental. Por una parte la coincidencia de apellidos y por otra el agradecimiento personal al dique de Barnum que tanto hace por la buena praxis odontológica. Mi agradecimiento al profesor D. Javier García Barbero que supo mostrarme la simplicidad de su uso y colocación.)

Todo profesional conoce la importancia que tiene el aislar perfectamente una pieza dentaria cuando hemos de abrir una cámara pulpar. Como también todos sabemos lo fácil que es producir una infección,-si no actuamos con todo detalle y una asepsia absoluta, lo que es prácticamente imposible-, estamos obligados a poner todo nuestro cuidado e interés para aproximarnos lo más posible a lo perfecto.

Para aislar el campo operatorio, tenemos los procedimientos por todos conocidos, como son rodear la pieza dentaria con rollos de algodón, papel o servilletas; pero por muy bien que lo hagamos, como estas substancias son muy absorbentes, a los pocos minutos el campo deja de estar seco y, por lo tanto, aséptico, por el encharcamiento de la saliva, que es el enemigo mayor que tenemos en nuestro trabajo. Unicamente tenemos un procedimiento para conseguir un aislamiento perfecto, que es el empleo del "Dique de Barnum".

Sin embargo, siendo conocido por todos los profesionales y sabiendo de sus ventajas, está en desuso. Y el odontólogo sigue aislando preferentemente con rollos de algodón, papel o servilletas, sabiendo que es imperfecto, pero mucho más cómodo para el paciente y más rápido para el operador. Esta es la causa de que la colocación del cofferdam en boca, para aislar un diente cuya pulpa ha de ser expuesta, ha pasado a la categoría de hecho histórico, salvo raras excepciones.

Es asimismo seguro que, si la colocación del dique fuese cómoda y rápidamente realizable, además de ser, como es, el mejor método de aislamiento, no dejaríamos de emplearla. esta fué la causa que me indujo a tratar de hallar una solución técnica que permitiese la rápida y cómoda colocación del cofferdam.

El pequeño y sencillo aparato presentado por mi en diversos Congresos y Sociedades, creo que ha resuelto el problema planteado de un modo práctico.

Las cuatro figuras que acompañan a este artículo, permiten que no me detenga en la descripción del aparato, ni en la de su modo de colocación. La figura num. 1, da perfecta idea de la forma y de las dimensiones del mismo, cuando permanece cerrado.

Haciendo girar el pequeño botón situado en la porción central de su parte superior, el aparato queda abierto (figura num. 2). Mirando esta figura, se ve que en la rama posterior existen cuatro pequeños orificios, en los cuales penetran al cerrar el aparato, cuatro pequeños vástagos o machos, situados correlativamente en la rama anterior. Orificios y vástagos tienen la doble misión de fijar firmemente el cofferdam (ya suficientemente sujeto por la simple presión que sobre él ejercen las dos ramas al cerrarse) y la de que, una vez cerrado el aparato, sus dos ramas formen un todo firme y sólido.

Nada tan fácil y rápido como, una vez abiertas las ramas, colocar entre ellas el pequeño cuadrilátero de tela o goma aisladora. El sobrante de ésta es recortado por medio de tijera, casi al ras del límite externo del aparato. En la porción de cofferdam, comprendida dentro del límite interior y en la parte adecuada a la situación de la pieza dental que deseamos aislar, se coloca en la forma habitual la grapa o clamp conveniente. Hecho esto, tenemos montado y dispuesto a ser aplicado el total del aparato aislador ( figura num. 3 ).

El portagrapas (manejado con la mano derecha) coge y sujeta el clamp. Con nuestra mano izquierda colocamos el óvalo metálico ante la boca del paciente, a la cual se adapta perfectamente, merced a su forma. No queda sino colocar el clamp del modo corriente sobre la pieza dentaria que deseamos aislar (figura num. 4).

Merced a la tracción que el cofferdam fijado en la muela ejerce sobre el óvalo metálico, éste es mantenido de un modo completamente eficaz. A su desplazamiento se oponen conjuntamente la configuración de dicho óvalo y la tracción ejercida sobre el mismo, por tela de goma.

Aparte de la sencillez y rapidez de colocación, este aparato reúne sobre sus antecesores, varias ventajas.

Permite al paciente una respiración más libre.

Está constituído por una sola pieza, y por tanto, no requiere el uso de pesas ni necesita ser fijado por ninguna cinta, lo que es particularmente agradecido por el sexo femenino, cuyo peinado no se altera como con el uso de aquéllas.

No se desplaza durante las distintas maniobras que debemos ejecutar en la intervención, asegurando por lo tanto nuestro trabajo contra la irrupción de saliva, que el desplazamiento del campo aislador trae como consecuencia, cuando con motivo de una maniobra intempestiva del cliente o nuestra, el cofferdam se desliga o rasga sobre las barras del sotenedor habitualmente empleado.

Permite una colocación y manejo del aspirador de saliva mucho más cómodos.

Economiza cofferdam, puesto que con la cantidad de éste que se emplea con el sostenedor corriente, hay para dos veces con mi aparato.

Puede estar ya preparado, o nos lo puede preparar la ayudante en el tiempo que nosotros empleamos en la preparación del paciente, ahorrando por consiguiente tiempo.

Finalmente, nada tan sencillo como la esterilización, bien sea únicamente del sostenedor del cofferdam, o bien (y esto es preferible) del aparato total y dispuesto para ser aplicado.

Hace ya muchos años que vengo utilizando en mi gabinete este aparato, en cuyo espacio de tiempo la práctica ha superado a las esperanzas que en él había depositado. Ello me ha decidido a darlo a conocer a mis compañeros, en la creencia de que con ello pueda proporcionarles algún beneficio en su práctica profesional.

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